Enero2005Villa
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20 Minutos y Creative Commons: no sólo gratis, también libres
- Ricardo Villa
- Redactor Jefe de 20 Minutos
- http://www.20minutos.es
Desde hoy, los casi dos millones de lectores diarios de 20 minutos se encontrarán que donde ponía "todos los derechos reservados" ahora les decimos "queremos que te sientas libre de copiar, distribuir y usar nuestro trabajo". Os voy a contar por qué.
Hay una distinción clásica, popularizada por el famoso programador y activista Richard Stallman. En referencia al software que otros llaman Open Source, al bueno de Stallman le gusta aclarar que cuando habla de Free software (software libre) es Free as in speech (libre como libertad de prensa), y no Free as in beer (gratis, como la cerveza o. como quizá podríamos decir en España, libre pero como la barra libre).
20 minutos es las dos cosas; gratis, y también libre. Y no sólo por generosidad, sino como modelo de negocio Somos libres porque la prensa ha de ser libre, o no ser. Y somos gratis porque es nuestra forma de ganar dinero. Por estas dos razones, permitir que la gente nos copie tiene para nosotros todo el sentido.
Cuando terminamos de escribir una noticia nos gusta ser tener lectores, muchos lectores, y permitirles su copia. Nos hace sentirnos bien, sentirnos útiles. La libertad de información es una necesidad del periodista, pero también de la sociedad. La libertad de expresión sólo existe si todos la tienen, porque uno no puede conversar con quien sufre censura. Al permitir que nuestras noticias circulen y se reproduzcan libremente, estamos orgullosos de fomentar la información de los ciudadanos y su capacidad de, a su vez, convertirse en informadores de los demás.
Si informáramos al ciudadano y luego le prohibiéramos repetir esa información estaríamos haciéndole un flaco favor. Pero no podríamos dejarnos reproducir libremente si por ello saliéramos perjudicados; nuestra primera misión es seguir sacando un periódico a la calle todos los días, y no podríamos hacerlo si nos arruináramos.
Resulta que 20 minutos también se bejeficia de este principio. Nosotros vivimos desde el día uno de nuestro nacimiento en medio de la economía de la atención. Nuestros ingresos provienen de la publicidad, que depende del número de nuestros lectores. Pero obtener lectores en medio del saturado paisaje mediático de hoy en día no es sencillo. Hay que conseguir que un numeroso grupo de personas nos dediquen un rato, en competencia con radio, televisión, revistas especializadas y gratuitas, Internet, los anuncios de la calle y los costados de los autobuses.
Cualquier quiosco tiene centenares, si no miles de opciones. Hay millones de libros en las bibliotecas, y cada día se emiten centenares de horas de televisión y miles de horas de radio. En la Red hay billones de páginas web.
Pero es que la gente además tiene una vida; un trabajo, amigos, padres e hijos, días de primavera o invierno, exposiciones y obras de teatro, laderas nevadas en invierno y playas en verano. El mundo está lleno de atascos y viajes culturales al extranjero, de colas en el banco y de escaparates. Las demandas sobre la atención de las personas no tienen ningún límite. Y crecen exponencialmente.
La atención que la gente puede dedicar a todo esto sí que tiene límites, y crecen muy despacio. De modo que el valor de la atención crece cada día más. 20 minutos se diseñó para ocupar un hueco libre: el viaje en transporte público desde la casa al trabajo. Se diseñó atractivo, rápido de leer, lleno de información cercana y bastantes nacionales e internacionales como para que el lector esté informado de lo que pasa y se le despierte la curiosidad por saber más.
Y se diseñó gratis, para aumentar el número de lectores y por tanto los ingresos publicitarios. En una economía de la atención sobresaturada regalar es una buena forma de atraer público. Nuestros ingresos financieros dependen de ello, pero para ganar dinero no necesitamos cobrar un tanto por copia del periódico. Hay otros mecanismos.
Por eso la idea del copyleft no sólo no nos asusta, sino que nos atrae. Para nosotros, que vivimos de esto, la idea de dar como vía para obtener ingresos no es novedosa. Desde esta perspectiva planteamos en su momento la primera licencia copyleft de un medio profesional en la Red. Y desde esta perspectiva planteamos ahora el paso a Creative Commons.
Conocemos bien la diferencia entre libre y gratis que la homonimia inglesa del término Free confunde. Sabemos que copyleft, en general, o Creative Commons, en particular, no significa necesariamente gratis. Pero sí en nuestro caso.
Permitimos la copia de nuestros textos en Internet, y no tiene sentido que no lo hagamos en su otra encarnación; el diario de papel. Parafraseando a Cory Doctorow, que hablará dentro de unos minutos, "el diario no es más que el papel en el que vienen envueltas las noticias". Si la web es copyleft, las noticias ya lo son, no tiene sentido que el diario de papel reserve los derechos.
Así que desde hoy 20 minutos es un periódico copyleft, en el que las noticias están a disposición de quien quiera usarlas con muy escasas restricciones. Para el detalle jurídico hemos decidido confiar en la organización Creative Commons, porque no somos abogados ni especialistas en Propiedad Intelectual. Somos periodistas profesionales, así que hemos dejado el permiso de copia en manos de los expertos en permisos de copia.
Libertad para nuestros lectores, audiencia (y, por lo tanto, negocio) para 20 minutos, y seguridad jurídica tanto para ellos como para nosotros. Esto es lo que nos aporta Creative Commons. Por esta razón desde hoy, si le dan la vuelta al diario 20 minutos, verán una frase que dice "queremos que te sientas libre" al lado de las palabras "Creative Commons".
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