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El Tiempo en la Red (IV)Continuando con lo que explicábamos en el artículo anterior sobre el principio de incertidumbre temporal que rige en Internet, hagamos una reflexión conjunta: cuando navegamos y entramos en una página, pensamos que esa es la página válida en el momento de la navegación. Pensamos que la información se halla actualizada, que es la última edición, al igual que presumimos que se nos vende la edición del día cuando compramos el periódico en el quiosco. Esta presunción es la base del principio de incertidumbre al que hacíamos referencia. Sin embargo, se nos olvida que, si la página ha sido visitada antes utilizando el mismo navegador, quizás nuestro ordenador no lea de la fuente original, sino de un caché, esto es de la memoria de uno de los ordenadores (el nuestro o el de un proxy) intermedios entre la fuente final de información y nosotros. El único sistema para verificar que leemos la última edición es el de apretar el botón "actualizar" del navegador. Pero, está claro, no vamos a estar navegando y, por cada página que dudemos que la hemos visitado nosotros u otro usuario de la misma máquina, apretemos la actualización. Convertiríamos la navegación en tortura. Por tanto, la presunción de certeza que mantenemos en cuanto a la actualización de la información de Internet es totalmente falsa, por nuestra no comprobación sistemática de la actualización. Salvo si estamos seguros de haber actualizado, no podemos afirmar terminantemente que la información verificada sea la exacta en ese momento. Además de los supuestos en que la información no es actualizada debido a causas técnicas (involuntarias), podemos pensar también en un escenario en el que el tiempo de la actualización se modifica por voluntad humana. El ejemplo son los tiempos programados de cese de cotización cuando los mercados bursátiles alcanzan unos límites, para así evitar las caídas. Se modifica la actualización o se impide la misma. Todos conocemos la expresión "en tiempo real" que indica que es inexistente la diferencia de tiempo entre la producción de la información y su recepción, esto es, que el receptor de la información lee directamente de la fuente de emisión de la misma, lo que impide así los lapsos. Pues bien, Internet permite incidir en la modificación de ese lapso, tanto mediante procedimientos técnicos involuntarios como voluntariamente mediante el uso de programas específicos de modificación del momento de transmisión o recepción de la información. Javier de la Cueva, 05/07/2000 - 14:35
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