Los controles del Poder: Los derechos del internauta (XII)

Una de las mejores herramientas que se ha desarrollado al amparo del comercio electrónico son las llamadas cookies (galletas).

En general, las cookies consisten en un archivo que la página web visitada implanta en el ordenador visitante. En el sistema operativo Windows 98 se incorporan a un subdirectorio fácilmente revisable: C:/windows/cookies. El archivo no es nocivo, puesto que se trata de bits de información, pero significa incorporar a un ordenador una "marca de seguimiento".

Dicha marca indicará a los servidores visitados numerosas cuestiones relevantes sobre el ordenador visitante: costumbres de navegación, páginas alcanzadas, tiempo de conexión por página, productos visitados, compras realizadas, etcétera. Estos datos pueden ser utilizados en las sucesivas visitas que se reciban del mismo ordenador.

Asimismo las cookies, al identificar al visitante, pueden indicar al servidor cuál es la publicidad a la que puede ser más receptivo el internauta, modificando la que se ofrece en las diversas páginas en función del ordenador conectado.

Ante el ataque a la privacidad que suponían las cookies, el mercado produjo una autorregulación consistente en permitir que los programas de navegación pudieran detectar las cookies y ofrecer al internauta la posibilidad de rechazarlas. Sin embargo, ello se traduce en una grave dificultad de navegación, por lo que en la práctica pocos internautas hacen uso de esta posibilidad.

El Consejo de Estado Francés, en su Rapport sur l'Internet et les Réseaux Numériques de fecha 2 de julio de 1998, estableció que deberán desarrollarse normas que permitan la utilización de las cookies solamente si: (i) se advierte de las mismas al internauta, (ii) el internauta puede rechazarlas y (iii) puede conocerse el contenido de la cookie de una manera inteligible.

Actualmente el caso más notorio de utilización ilegítima de las cookies se sigue en los EE.UU., donde la empresa "DoubleClick" ha sido demandada el pasado mes de enero por vender ilícitamente, entre otras, las costumbres de navegación de los visitantes no sólo de su página web sino también de las controladas por dicha empresa. La compañía se defiende negando las acusaciones, al tiempo que ha comenzado una campaña defendiendo la privacidad de los internautas y el derecho de los mismos al "opt-out", derecho a rechazar las cookies y, por tanto, a una navegación sin rastros.