El tiempo jurídico en la red

Internet no sólo crea una nueva topología sino un nuevo tiempo jurídico. El Derecho ha utilizado tradicionalmente el tiempo para acometer diversas regulaciones, sin perjucio de que el concepto 'tiempo' se halla íntimamente ligado a la norma jurídica en lo que ésta tiene de intento de regulación de unas conductas o situaciones futuras.

El concepto del tiempo jurídico puede ir ligado al espacio o no. Un supuesto cotidiano de utilización del tiempo y del espacio para constituir un derecho son las filas de personas. El primero que llega y ocupa un lugar es el que tiene el derecho a ser atendido o a entrar antes.

Los conflictos que dichos supuestos cotidianos de ocupación espacial generan, se combaten mediante dos sistemas:

# Una asignación de plaza específica. Así tenemos los cines de entradas numeradas o las plazas de un avión. En estos supuestos, existe siempre la presunción de que nos están reservando las mejores plazas, sin que podamos verificarlo.

# La recogida de un número ordinal, que posteriormente será el citado, siendo la posesión del recibo con el número, el que nos otorga el derecho. Lo encontramos en las colas de los supermercados y en las nuevas instalaciones de las Administraciones Públicas. La verificación por parte del usuario de que el orden es correcto, es fácil y completo.

La vinculación espacio-temporal es una de las fuentes de los conflictos. Por ello, desvinculando el espacio a la utilización del tiempo, se evita gran parte de los mismos. Las colas para conseguir entradas en un espectáculo en ocasiones regulan los conflictos de una manera espontánea a través de la creación de listas, por lo que se excusa la presencia física permanente mediante el reconocimiento de un derecho basado en un ordinal obtenido a través de una presencia física anterior.

La vida cotidiana se halla llena de supuestos en los que el tiempo incide jurídicamente. El Derecho Romano ya tuvo en cuenta estos aspectos y dotó al tiempo de su juridicidad, expresándolo en el aforismo 'Prior in tempore potior in iure' (el primero en el tiempo es el más fuerte en Derecho), que es el lema de los Registradores españoles.

Además de estos supuestos cotidianos, el Derecho utiliza el tiempo para la regulación de los siguientes elementos:

# El ejercicio de los plazos procesales.

# La constitución, transformación y extinción de los derechos subjetivos.

Respecto al primero de los supuestos, los plazos procesales suponen hitos temporales en un procedimiento ante un órgano a cuya decisión se someten dos partes para así solucionar un conflicto. La existencia de dichos plazos es necesaria para evitar la inseguridad jurídica. Una expresión habitual mantiene que una Justicia lenta es injusticia y es por ello que la celeridad de la Justicia es uno de sus requisitos esenciales.

El plazo procesal, históricamente, tiene dos causas. La primera de ellas es el tiempo de estudio necesario para que los profesionales intervinientes puedan ejercer una correcta defensa de sus derechos o dicten unas resoluciones acertadas. La segunda causa es el tiempo utilizado en el desplazamiento hasta el órgano jurisdiccional para la presentación del escrito correspondiente.

La existencia de Internet supone la posibilidad de ahorrar el tiempo del desplazamiento hasta el órgano jurisdiccional, pero en modo alguno puede defenderse la idea del acortamiento de los plazos procesales dada la posibilidad de presentación de escritos por vía electrónica. Actualmente, el desplazamiento hasta el órgano competente para la recepción de los escritos puede ser de unas horas, y siempre dependerá de la distancia hasta el órgano y del tráfico circulatorio. Pero el tiempo requerido de estudio y de redacción nunca es modificado por la existencia de la Red.

Por tanto, no podemos estar de acuerdo con un acortamiento de plazo alguno necesario para la toma de decisiones, ya que se necesita un plazo 'vital', independiente de la existencia o no de la Red. La aceleración que Internet produce debe, en este caso, ponerse en cuarentena.

En lo que respecta al segundo de los supuestos, ya contemplábamos el supuesto de aplicación práctica cotidiana que se produce en las colas que forman las personas, donde el primero que llega es el que mejor derecho tiene. Pero esta prioridad no sólo se utiliza para la constitución de un derecho, sino también para la extinción del mismo. Es lo que se denomina prescripción y caducidad.

La prescripción de un derecho consiste en la extinción del mismo por falta de su ejercicio durante un tiempo. Se requieren ambas condiciones, la de la falta de ejercicio del derecho y la del transcurso de un tiempo determinado. Un ejemplo lo constituye el abandono que durante un tiempo hace el propietario de una finca. Si otra persona usa dicha finca como si fuera propietario durante un tiempo prefijado legalmente, las normas jurídicas le permiten acceder a la propiedad de la misma por el mero uso, esto es, a través de una institución jurídica denominada usucapión.

La caducidad es diferente de la prescripción en que esta última puede interrumpirse, no así la caducidad. Imaginemos una prescripción cuyo plazo son diez años. Si al quinto año se ejercita el derecho, debe nuevamente comenzarse a contar desde cero. No así la caducidad. Un ejemplo típico son los supuestos en que un contrato se halla viciado por algun supuesto que produce su anulabilidad (un error, por ejemplo). El Derecho, en este caso, busca la certeza de convalidar el contrato, para evitar situaciones de incertidumbre.

La relación del Derecho con el tiempo es una relación compleja. Además de los supuestos ya comentados del nacimiento de un derecho en virtud del 'primero en el tiempo', existen otros supuestos inversos. El más clásico es el de la derogación de la norma anterior por la norma posterior: 'lex posterior derogat lex anterior'. En este caso, el tiempo se utiliza como corrector de una situación pasada que se considera debe modificarse.

Asimismo, la norma jurídica, por su propia esencia, conlleva una visión temporal. Si lo que se pretende mediante la Ley es regular un posible conflicto o castigar unos comportamientos, ello implica que se intenta imponer un determinado futuro que se fundamenta en los valores actuales.

Al castigar el homicidio, la norma intenta prevenir unos futuros comportamientos. Ello es lo que se denomina prevención general y prevención especial, la general destinada a la sociedad y la especial destinada al delincuente. Se introduce así un marco de convivencia y un límite a los comportamientos indeseados.

Esta es la citada complejidad de la relación entre Derecho y tiempo. Abarca tanto el pasado como el presente y el futuro, pudiendo jugar en los tres ámbitos tanto en la creación como en la modificación y extinción de los derechos subjetivos.

Internet ha creado un nuevo territorio, el llamado ciberespacio. Y la pregunta que debemos hacernos es si Internet crea el cibertiempo.

No estamos hablando de un tiempo universal, estamos preguntándonos sobre si la norma jurídica, por la existencia o no del cibertiempo, tendrá caracteres propios derivados de la aparición de una nueva realidad temporal.

Si el cibertiempo existe, la norma jurídica se impregnará de dicho concepto y deberemos plantearnos en qué medida Internet ha contribuido a modificar el uso tradicional del tiempo de la vida real.

El Principio de Incertidumbre Temporal

Al crear un tiempo jurídico nuevo, Internet genera un principio de incertidumbre que no existe en la literatura impresa convencional.

Tomando como referencia la historia de la letra impresa, hay dos períodos marcados, cuya frontera es la aparición de la imprenta.

En la época de los libros manuscritos, dada la frecuente introducción de cambios y modificaciones realizados por los copistas, la fuente más legítima siempre era la copia más cercana al autor.

La perspectiva anterior se modificó con la aparición de la imprenta, que produjo dos fenómenos: (1) la preferencia de la posterior edición frente a la anterior, dada la actualización de la información contenida y (2) el nacimiento de los medios de comunicación de masas.

Un ejemplo de la utilización de la imprenta como método de difusión de ideas lo constituye la Reforma Protestante, a través de la difusión de impresos, que incluso provocó normas de autoridades locales como las de Zurich, que prohibieron los tragaluces en las viviendas para evitar la difusión anónima de impresos que acogían las nuevas ideas.

En Internet se produce un nuevo fenómeno temporal, que es el de la incertidumbre, consistente en el desconocimiento de la calidad o exactitud de la información recibida, puesto que no conocemos el momento de emisión de esa información.

En las obras manuscritas buscamos la primera copia; en las obras impresas preferimos la última edición, pero en Internet no sabemos cuándo se emitió la información. Y no olvidemos que el momento de emisión de la información es trascendental a la hora de tomar determinadas decisiones.

Un ejemplo de lo anterior lo hallamos en las páginas web de bolsa, que al conectarnos nos indican una información sobre el valor que buscamos y, dada la incertidumbre temporal, nos informa también de la hora y minutos en que existía ese valor, para evitar la incertidumbre.

Pero imaginemos que una llamada nos distrae y revisamos la pantalla diez minutos después. Simplemente verificamos la pantalla y damos una orden de compra al valor que figura. E hipotéticamente pensemos que en esos pocos minutos el valor hubiese bajado de una manera importante. Si hubiésemos actualizado la pantalla, la orden de compra hubiese sido muy inferior, por lo que dicha no-actualización nos ha hecho pagar un precio más caro.

Hagamos una reflexión conjunta: cuando navegamos y entramos en una página, pensamos que esa es la página válida en el momento de la navegación.

Pensamos que la información se halla actualizada, que es la última edición, al igual que presumimos que se nos vende la edición del día cuando compramos el periódico en el quiosco.

Esta presunción es la base del principio de incertidumbre al que hacemos referencia.

Sin embargo, se nos olvida que, si la página ha sido visitada antes utilizando el mismo navegador, quizás nuestro ordenador no lea de la fuente original, sino de un caché, esto es de la memoria de uno de los ordenadores (el nuestro o el de un proxy) intermedios entre la fuente final de información y nosotros. El único sistema para verificar que leemos la última edición es el de apretar el botón 'actualizar' del navegador.

Pero, está claro que no vamos a estar navegando y, por cada página que dudemos que ha sido visitada por nosotros u otro usuario de la misma máquina, apretemos la actualización. Convertiríamos la navegación en tortura.

Por tanto, la presunción de certeza que mantenemos en cuanto a la actualización de la información de Internet es totalmente falsa, por nuestra no comprobación sistemática de la actualización. Salvo si estamos seguros de haber actualizado, no podemos afirmar terminantemente que la información verificada sea la exacta en ese momento.

Además de los supuestos en que la información no es actualizada debido a causas técnicas (involuntarias), podemos pensar también en un escenario en el que el tiempo de la actualización se modifica por voluntad humana. El ejemplo son los tiempos programados de cese de cotización cuando los mercados bursátiles alcanzan unos límites, para así evitar las caídas. Se modifica la actualización o se impide la misma.

Todos conocemos la expresión 'en tiempo real' que indica que es inexistente la diferencia de tiempo entre la producción de la información y su recepción, esto es, que el receptor de la información lee directamente de la fuente de emisión de la misma, lo que impide así los lapsos. Pues bien, Internet permite incidir en la modificación de ese lapso, tanto mediante procedimientos técnicos involuntarios como voluntariamente mediante el uso de programas específicos de modificación del momento de transmisión o recepción de la información.

Tiempo en la Red y defensa de los Consumidores

Uno de los negocios que Internet ha potenciado ha sido el de las subastas.

Tradicionalmente, han existido dos tipos: las subastas directas y las subastas inversas. Las subastas directas se corresponden con las tradicionales del mundo real, dirigidas de proveedor a cliente. En las subastas inversas, es el cliente o consumidor quien solicita un producto y marca el precio por el que estaría dispuesto a cerrar la operación.

En las subastas inversas, el momento de la puja no es decisivo, puesto que la fijación del precio no suele verse alterada por tramos de pujas a la baja, se rige únicamente por el precio final, siendo indiferente el momento en el que se produce la aceptación de la oferta.

En las subastas directas, normalmente suelen establecerse tramos que marcan la cuantía mínima de la siguiente puja, por lo que el momento en el que ésta se produce es de una importancia decisiva.

Un ejemplo nos aclarará mejor lo que queremos explicar. Imaginemos la subasta de una obra de arte cuyo precio de salida es de 100, pudiéndose pujar de 10 en 10 hasta los 200 y, desde esta cifra, de 20 en 20. El precio último de oferta se halla en 190 y dos oferentes pujan casi simultáneamente. En el mundo real, existe una persona que indica, sin posibilidad de recurso, cuál de los dos oferentes realizó la primera puja, esto es desde 190 a 200, pudiendo entonces el segundo de ellos decidir si puja hasta 220 o no lo hace.

En estos supuestos, el momento de emisión del consentimiento (oferta de compra al alza), es trascendental. Puede interesarnos un objeto por 200, pero no por 220. Si hubiéramos sido los primeros en ofertar 200, con gran probabilidad el segundo de los oferentes no realizaría su puja.

En Internet es factible modificar los tiempos de recepción de pujas. Simplemente basta programar un ordenador para que las ofertas recibidas de una IP concreta sean ralentizadas, pudiendo así beneficiar a los oferentes amigos frente a los desconocidos.

Es por ello que, frente a esta indeterminación temporal vigente en la Red, se necesita una mayor transparencia informativa en favor del consumidor que la obrante en el mundo real. La responsabilidad de dicha publicidad debe recaer sobre los agentes intervinientes en los procesos económicos de la "nueva" economía.

Tiempo en la Red y contratos y obligaciones

Establecido un horario universal, se hace necesaria una nueva referencia en los contratos a una hora local determinada.

Si bien en el mundo real, existe una larga tradición de la manera en que los cómputos de tiempo deben realizarse, no sucede así en Internet.

Normalmente, en el mundo real se presume que un día comienza a las 00.00 horas locales. Y termina a las 24.00 horas. No obstante, en Internet no puede aplicarse este sistema, dados los diferentes husos horarios en que se hallan los ordenadores.

Así, cuando se configura un ordenador de los que dan servicio en la Red, se le introduce no sólo la hora del lugar donde se encuentra, sino una referencia a un tiempo homogéneo universal, CET, GMT, UMT, Greenwich?, Asimismo, también se suele instalar un software que permite coordinar el tiempo de dicho ordenador con servidores universales que marcan uno homogéneo para toda la Red.

Se abandona así el tiempo local y comienza una era de tiempo universal.

Esta nueva indeterminación produce que sea conveniente o incluso necesario que, en los derechos y obligaciones surgidos a través de Internet, se haga siempre referencia a una hora local, no debiendo el contratante presumir, bajo ningún concepto y en aras de su seguridad jurídica, que la transacción se realiza en una hora local determinada si no se especifica claramente dicha localidad.

Un buen ejemplo de lo anterior lo tenemos en los contratos de adhesión de Internic. Dado que la empresa asume ciertas obligaciones temporales, en sus contratos siempre hace referencia a que el cómputo de los plazos se regirá utilizando el tiempo del Estado de Virginia.

Conclusiones sobre el tiempo en la Red

Como conclusión a una nueva incidencia temporal en el Derecho, incluimos una serie de reflexiones.

* El tiempo en la Red, no es igual que el tiempo del mundo real. Por tanto, el Derecho debe tratar a ambos tiempos de diferente manera.

* La mutación del espacio físico en espacio topológico, impide los conflictos espacio-temporales presentes en el mundo real.

* La medida del tiempo, per se, debe utilizarse en función de un 'tempo' vital. La existencia de la Red no debe hacernos llegar a una aceleración de los procesos mentales de toma de decisiones. En este aspecto, los plazos procesales no deben acortarse, puesto que su lapso no depende de la velocidad de la transmisión de información, sino de un tiempo necesario para el estudio.

* Las características del tiempo de Internet son:

1. Una falsa presunción de actualización, esto es, la información recibida es la más actualizada.

2. Su indeterminación en virtud de la topología de Internet, a través de la distorsión introducida por los cachés de los ordenadores.

3. La inexactitud del concepto 'en tiempo real', dados los lapsos siempre existentes entre la emisión de la información y su recepción.

4. Una posibilidad maliciosa de alteración de los tiempos, a través de la preselección de los II. PP. que intervienen en la recepción o transmisión de la información.

5. Su universalidad y complejidad, dada la intervención de diferentes máquinas con tiempos locales distintos y la no homogeneidad de igual horario en todas ellas.

El nuevo Derecho de Internet deberá tener en cuenta las anteriores premisas si busca una regulación armónica de la realidad. No sólo, como hemos analizado en los anteriores artículos, existe un nuevo espacio, también existe un nuevo tiempo.

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Ultima revisión: 02.08.04 - 13:37

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